Tengo para ti un tobillo maltrecho
una boca con palabras de hielo,
dos manos maltratadas,
una espalda sin dueño,
mucho, mucho sueño…
dos ojos con ayuda,
pestañas caídas, nada atractivas,
labios pequeños, dientes hermanos,
pómulos rojos,
muñecas torcidas,
castaños cabellos,
un lánguido anhelo.
Escribe de mí, lentos los olvidos.
Hoy miro sin darme cuenta.
Has dado en el blanco,
quisiera romper tus yemas
y hacer el amor calmado.
No he podido, según yo te he olvidado.
En un chasquido.
Hay más de ti allá afuera y acompañado
estoy en todos lados.
Me preguntan ¿Cómo estás?
-Magnífico, más a su lado.
Y sí es muy cierto. No hay mejor momento
que el de su cabeza. Se ha recargado. Descanso.
Respiro, duermo poco, y un gigante de brazos
me lleva cargando, sueño.
Y mientras mis extremidades cuelgan,
me he sabido afortunado.
Te encuentro en medio del sueño y sé que
cuando despierte estarás.
Será tarde, pero estarás.
Te tendré cerca. Ahí estás.
Hay sábanas y un café. Has llegado.
Los campos rociaron nubes en alarma.
Habían miradas secas y ondinas arenosas
vivían en cápsulas sin ser turquesas, se codeaban.
Aliterada de mí, leve y absorta me voy
de boca.
Si tan seguro estás de que voy hacia ti,
desengáñate y ven tú.
Aligeremos tus dientes y los míos en una sopa de
besos.
Noches que se apelmazan y hacen grande el cuarto.
Un “te quiero” en la distancia y se abre la ventana.
Luna sin destino, nubes de improviso.
Diviso que no hay compromisos,
que tu palabra y la mía son hechizos
vientos de palabras vueltas torbellinos.
Hacemos un poco de brisa,
sonreímos y los días son fiestas
mientras las noches nos inquietan
y damos un beso cobrizo.
Hay demasiados indicios: tú para mí.
El horizonte nos ha lanzado,
lejos al río,
al mar hemos llegado
y hay un poco de ruido.
Somos el rumor y la espuma,
cuando nos amamos en vilo,
nos pertenecemos efímeros
y nos juramos eternidad.
Los fantasmas ya se han ido
y nos ponemos a cantar.
Queremos ser de nosotros y de nadie más,
amarnos siempre durante el día
y encallar con leve brisa para
no separarnos jamás.
¿Qué hay de mí si no suspiro,
en tu boca cobertizo?
Cubres de la lluvia a mis labios azarosos,
das vida, eres tesoro.
Te llevo, enaltezco, ando.